Me encanta la sencillez

Lo que somos nos define mucho más naturalmente que lo que tenemos, aunque no nos lo lleguemos a creer del todo, aunque vanamente queramos rodearnos de cosas y más cosas, que ocupan un espacio que debiéramos reservar a nuestra creatividad, originalidad... personalidad.

En broma digo que si engordamos hay más de nosotros en este mundo, pero lo cierto es que no solo debemos cuidarnos haciendo ejercicio, sino también no llenándonos de cosas que no nos hagan bien.

El silencio interior, como actitud previa de reflexión, como escudo frente a prisas y saturación diversa, puede ser también ayuno de superficialidad en forma de palabras o gestos, para no ser invasivos ni  excluyentes con los demás.

Pues sí, me encanta la sencillez de lo breve y bueno. Me gustaría tener más tiempo para mostrar mi silencio elocuente y mi palabra precisa, pero ni lo uno ni lo otro acude a mí tanto como lo necesito, yeso que me dicen los amigos que nuestro corazón está bien hecho y no engaña.

Lo dicho, me encanta la sencillez del silencio roto por un esperado "te quiero", un solidario "¿puedo ayudarte?", un rendido "gracias", un suplicante "por favor", un dulce "perdona", o por un simple "sí".

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